Escritos en el agua

julio 16, 2008

Seguramente debería de empezar con este blog con algo optimista, algo que dé lugar a un “futuro camino” en este mundillo llamado blogs. Pero… ¿qué mejor que una obra que mediante el pesimismo nos recuerde que estamos vivos y que debemos aprovechar cada momento?

Desde niño, tan lejos como vaya mi recuerdo, he buscado siempre lo que no cambia, he deseado la eternidad.
Todo contribuía alrededor mío, durante mis primeros años, a mantener en mí la ilusión y la creencia en lo permanente; la casa inmutable, los accidentes idénticos de mi vida. Si algo cambiaba,era para volver más tarde a lo acostumbrado, sucediéndose todo como las estaciones del año, y tras la diversidad aparente siempre se translucía la unidad ítima, YO.
Pero terminó mi niñez y caí en el mundo. Las gentes morían entorno mío, y las casas se arruinaban. Como entonces me poseía el delirio del amor, no tuve una mirada siquiera para aquellos testimonios de la caducidad humana.
Si había descubierto el secreto de la eternidad, si yo poseía la eternidad de mi espíritu, ¿qué me importaba todo lo demás? Mas apenas me acercaba a estrechar un cuerpo contra el mío, cuando con mi deseo creía infundirle permanencia, huía de mis brazos dejándolos vacíos.
Después amé los animales, los árboles, la tierra… todo desaparecía, poniendo en mi soledad el sentimiento amargo de lo efímero, Yo solo parecía duradero entre la fuga de las cosas. Y entonces, fija y cruel, surgió en mi la idea de mi propia desaparición, de cómo también yo partiría de mi un día.
¡Dios! exclamé, entonces; dame la eternidad. Dios se convirtió en lo que para mi ya no existía en el mundo, se convirtió en el amor verdadero, en el amor nunca roto… triunfante sobre el tiempo y la muerte.. y amé a Dios como al amigo incomparable y perfecto.
Fue un sueño más, por que Dios no existe… me lo dijo la hoja seca caída que un pie deshace al pasar… me lo dijo el pájaro muerto inerte sobre la tierra… me lo dijo la conciencia, que un día ha de perderse en la vastedad del no ser y si Dios no existe, ¿cómo puedo existir yo? yo no existo ni aun ahora, que como una sombra me arrastro entre el delirio de las sombras, respirando estas palabras desalentadas, testimonio (¿de quién y para quién?) absurdo de mi existencia.

“Ocnos”

Luis Cernuda

Nunca me cansaré de agradecerle a un gran amigo el que me haya hecho descubrir sensaciones nuevas como las que me produce este texto. Muchas gracias. Por este corto (pero a la vez largo e intenso) tiempo… y el que nos queda.

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